Las guerras en Liberia, Congo, Burundi, Ruanda o Sudán han convertido en niños soldados a la población infantil. Su prueba de fuego es, en muchos casos, el asesinato de algún miembro de su propia familia.
Se calcula que unos 300 mil menores de edad participan como soldados en guerras en unos 30 países, la mayoría africanos, según datos de UNICEF.
La protección a la infancia suena ridícula cuando nos enfrentamos a la realidad de los países en conflicto, donde los efectos de la guerra en sí misma son traumáticos para los niños.
En muchas de ellas, son los más jóvenes los protagonistas de las mismas. Las imágenes nos reflejan chiquillos con los ojos vacíos de futuro y llenos de odio y de desprecio. La vida no vale nada, porque no tienen nada. Retrasar su muerte matando a otros les hace sentirse poderosos, invencibles e inmunes; mientras maten no les matarán a ellos.
En Colombia, la organización denuncia la existencia de unos 11 mil niños, de hasta 12 años, enrolados en grupos armados. Los pequeños son entrenados para usar explosivos y armas, y participan en combates.
Las niñas que forman parte de estos grupos son obligadas a satisfacer los deseos sexuales del grupo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario